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Marco Teórico
 

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El marco teórico que sustenta mi forma de encarar mis proyectos y de resolver los problemas que se me presentan es el “Existencialismo”. Desde esta perspectiva mis valores fundamentales son el “compromiso” del profesional frente a todo ser humano y el valor fundamental del “encuentro” con el otro se halla en la “mirada singular para cada singularidad”, dicho valor resulta de importancia crucial especialmente en este momento histórico en el que las demandas suelen requerir eficacia, rapidez y objetividad y en el que la meta consiste en ubicar al consultante, dentro o fuera de los parámetros de adaptación impuestos por la sociedad. No resulta novedoso para el visitante de este sitio, el hecho de que actualmente la sociedad aplaude y acepta a quienes logran éxito en sus tareas (especialmente de tipo materialista) y margina y desprecia a quienes, por el contrario, no logran alcanzar las expectativas deseadas.

Mi formación interdisciplinaria, acompañada de mis principios éticos y morales, me permiten mantener una actitud de flexibilidad ante cada situación que se me presenta.

Mi marco antropológico me permite ver al hombre como un ser único, irrepetible y singular, dado a que la multiplicidad de sus manifestaciones no anulan su unidad ontológica, es decir, que el hombre si bien se manifiesta en la dimensión biológica, psicológica y social, no es ni un ser biológico, ni psicológico, ni social: es un “Ser”.      

Víctor Frankl, padre de la logoterapia, denomina a la totalidad del hombre, “ontología dimensional”, lo cual significa el estudio del ser en todas las direcciones en que éste se manifiesta. La integración de todas estas manifestaciones se halla presente en la dimensión espiritual.

El hombre es un ser espiritual. Frankl denomina a la espiritualidad como existencialidad, lo cual hace referencia a lo que el hombre es.

Dado a que la existencialidad es lo personal, no sólo es lo más elevado sino que también es el soporte, la base de cada persona, porque, el hombre, también es un ser fáctico, es decir que el ser humano se caracteriza por la existencialidad (dimensión espiritual) al mismo tiempo que por la facticidad, esto es lo dado, (aspectos biológicos, rasgos psicológicos, el contexto socio – cultural).

No existe un paralelismo cuerpo – espíritu sino una totalidad única, el espíritu da integridad a las múltiples manifestaciones del hombre pero sin perder su autonomía frente a los condicionamientos.

El espíritu se encarna, y se manifiesta a través de la facticidad.

El hombre es libre y responsable. Según Frankl, el hombre es no es “libre de” los condicionamientos que posee, empero, es “libre para” tomar una actitud frente a los mismos. El hombre es libre para escoger su proyecto de vida personal, para ir más allá de sí mismo y para responder a un llamado. Cuando hablamos de responder nos introducimos en el tema de la responsabilidad, porque el hombre al elegir algo debe responder no sólo ante sí mismo, sino también ante los demás y ante Dios, si es creyente. La responsabilidad es el valor agregado de la libertad y consiste en “darse cuenta”.

Una persona es responsable cuando responde a las situaciones y conflictos que se le presentan en la vida, y es libre y responsable cuando tiene su destino entre sus manos y escoge desarrollar sus potencialidades, de cuyo despliegue es la única responsable, siendo en el mundo y tendiendo a valores.

El hombre es abierto, tenso y finito.

Es abierto, no sólo porque una fuerza lo empuja desde “adentro” sino también porque hay un mundo de valores que lo atraen. El espíritu se va despertando en la medida que se va abriendo al mundo, y esta apertura da lugar a la autotrascendencia y a la trascendencia.

Es tenso, porque es atraído constantemente por valores y siente libre y responsablemente, la necesidad de realizarlos.

Es finito no sólo porque la vida tiene un límite, sino también porque tiene una meta, un valor a realizar.

Influencia de mi marco antropológico en el ámbito profesional:

Dado a las características del ser humano, (ser único, irrepetible, singular), hago uso de la facultad del pensamiento lateral (creatividad) y de la intuición, ante cada encuentro que se me presenta; a tales facultades las desarrollo constantemente, a fin de poder acercarme de la manera más adecuada a cada persona, pudiendo comprender cuál es la necesidad prioritaria de cada una de ellas y buscando soluciones… no olvidemos que al pensamiento lateral acudimos ante una situación nueva, y como cada ser humano es único, irrepetible y singular, siempre que estemos delante de un hombre, estaremos frente a una novedad.

Debido a que hoy la demanda, entre otras cosas, exige objetividad, me valgo de dos actitudes que utilizo paralelamente, éstas son, la actitud metodológica, que consiste en sistematizar y ordenar los datos, reduciendo la probabilidad de que caiga en generalizaciones excesivas y de la actitud  epistemológica, con la que reviso las teorías, y realizo críticas, es decir, busco todos los límites de las mismas, todos los caminos posibles para llegar a un fin, buscando agotar todos los distintos puntos de vista.

Con esto quiero dejar en claro que aquella realidad que observo en cada ser humano, la articulo objetivamente con el proyecto de vida y la historia de la persona que “es en el mundo” y que “está siendo conmigo en una relación terapéutica”, por medio de la metodología. Con ello, logro hacer de la tarea terapéutica una actividad humana y humanizante dirigida a la persona singular que ha acudido a mí en busca de ayuda.